Después de este desorden impuesto, de esta prisa,
de esta urgente gramática necesaria en que vivo,
vuelva a mí toda virgen la palabra precisa,
virgen el verbo exacto con el justo adjetivo.

 

Rafael Alberti

No hay nadie
No hay nadie en tres besos a la redonda,
nadie a quien poder amar a corazón armado.
Nadie que juegue al amor conmigo
y que me deje ganar.
En el último boom boom
me quemé con tu boca.
Nadie.
Pero me queda el consuelo de saber
que en tu último beso quedó insepulto
el cadáver doble de mis labios.

 

Poema # 4
Yo no he imaginado mi vida.
Alguien, al otro lado, la inventó.
Lo único que lamento es haber dejado sin descochar cierta botella de champán.
Hoy saboreo en cada trago de niebla
aquella cosecha que desconozco.
Soy nadie, apenas yo,
uno más entre vosotros que venís del azar.

 

Poema # 5
Hemos oscurecido los mares,
llenado los ríos con fórmulas químicas, con ceros.
Pero hemos construido robots que te traen el café a la cama
e inodoros que te ponen a Mozart mientras cagas.
Pero en las fábricas, en los parques tecnológicos,
en ciertos polígonos industriales,
se ha firmado el acta de defunción del cielo.
Tal vez el pájaro que hoy vuela
vuele mañana con alas digitales.

Poema de amor # 20
Era tu belleza un juego nocturno,
una sugerencia de brisas y secretos.
Y a tu esqueleto se le resistía la mayoría de edad.
Eras una experta en echar monedas al pozo de mi sangre
y pedir un deseo.
Desprendías un cálido sabor a piel, a manzana recién mordida.
Tu cuerpo no era sólo tuyo: yo lo miraba, y te deseaba:
era también mío.
Por la mañana olías de nuevo a niña
y a haber estado dormida debajo de una luna nueva.
Tu juguete favorito eran mis manos:
ellas conocen los símbolos del barro.
Amor, algo me dice que todos los hombres del mundo
se enamorarán alguna vez de ti.

VOZ EN OFF
La voz de los días
Ayer no y desde luego el lunes.
Hoy fue ayer y tampoco el martes;
el miércoles cayó en jueves y el viernes
está muriendo en la primera letra del sábado.
Así que desde mañana mismo todos los días
serán hoy menos los domingos.

La voz del pasado
Tu recuerdo está en un álbum de aromas:
los zapatos de hebilla;
el vestido con lazada.
No eras niña durante la noche:
eras un trazo de círculo tan solo
destruyendo el vaho que dejó el tiempo
en los cristales de la ventana.

La voz del amor
Durante el intervalo de sudor y saliva
el silencio se fue haciendo acuático.
Te respiraba los milímetros de la piel
hasta dejar la oscuridad exhausta.
El deseo estaba regido por una ley
que impedía los límites y los ángulos.
Se deshilaron los músculos de aire
bajo la experta cáscara del olvido.
El tiempo sufrió una luxación de horarios,
y dependimos de aquella suciedad siempre.

La voz de la vida
La marea de la madrugada
ha dejado en mis cuadernos escombros semánticos,
garabatos de luna, hedor a carne sonámbula,
la carga genética de un dios
que conoce el secreto misterio de la muerte.
En el quieto estruendo del cuerpo
suena una carcajada que raja
con fiero filo de hoz la esfera de la tristeza.
La voz en off vaga sedienta
hasta el seco  pozo del azar.
Se me está llenando de zozobra la boca:
debe ser la sencilla estadística del hambre,
del lodo golpeado por el lodo
y por quien como yo durante este invierno
se baña en todos los ríos que van a vivir al mar.

La voz del alba
Clava la madrugada el aguijón
en un cielo de noche uniformado.
Los jinetes se sacuden de sombra
y de sangre las espuelas.
Estoy muriendo de silencio,
de un olvido doble y repetido.
En el agrietado eco del crepúsculo
los números romanos de un reloj
marcan la hora en off del espejo.
Cuando el sol de la mañana
derrame su cáliz sobre la playa
las viudas de veinte años yacerán
desnudas, cohabitando una cama
e infragantizadas por la noche.
Sólo sus pubis negros guardarán
un luto riguroso.

La voz de la muerte
¿Es este corazón de porcelana
lagar donde el tiempo
está pisando el renglón terminable
mientras se escupe en las manos,
antes de coger la pala con que abrirá
nuestros reinos en el polvo?

La voz del devenir
La lluvia, un río, cualquier mar,
un día entre los días del mundo
o la gota entre las gotas del agua
apurarán la vida y las vidas
y se extinguirán; serán de nadie.
Los cómputos y las leyes,
el proceloso bestiario zodiacal
reducirán sus símbolos
a inmóvil mecánica de ceros,
a noches anteriores a la Noche.
Los libros que se escriben
sin temor a las hogueras
convierten sus prosas en polvo
de ala de mariposa,
la más hermosa cuántica del polvo.

Voz en off
Ya no discierno mi rostro
y los rostros del espejo;
si soy el que soy o un reflejo.
Ante el umbral de la noche,
ante las cenizas del cielo,
mi voz se offcurece.
Las batallas no las sé;
tampoco recuerdo las heridas;
acaso las cicatrices son la dirección
de ese acto de amor que es la muerte.

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