Juventud

3 noviembre 2010

No volveré a ser joven

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde.
-Como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Jaime Gil de Biedma

Una mujer desnuda

3 noviembre 2010

Una mujer desnuda y en lo oscuro

 

Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra,
de modo que si ocurre un desconsuelo,
un apagón o una noche sin luna
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera un resplandor que da confianza,
entonces dominguea el almanaque,
vibran en su rincón las telarañas
y los ojos felices y felinos
miran y de mirar nunca se cansan.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
es una vocación para las manos,
para los labios es casi un destino
y para el corazón un despilfarro.
Una mujer desnuda es un enigma
y siempre es una fiesta descifrarlo.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera una luz propia y nos enciende;
el cielo raso se convierte en cielo
y es una gloria no ser inocente.
Una mujer querida o vislumbrada
desbarata por una vez la muerte.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra,
de modo que si ocurre un desconsuelo,
un apagón o una noche sin luna
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda.

Mario Benedetti

ANÁLISIS SINTÁCTICO

16 febrero 2010

    1. Reía y lloraba como una loca.
    2. Estoy cansado. He trabajado mucho.
    3. Ora baila con uno, ora baila con otro
    4. Antonio está cansado y se va a ir a su casa
    5. Tienes que salir inmediatamente o no llegarás al concierto
    6. Le gusta mucho el cine, es decir, es un cinéfilo
    7. Ha venido Juan y también Pedro
    8. Ha llegado Juan y ha llegado Enrique
    9. No he ido a ver esa película, ni iré.
    10. Salieron a dar un paseo, caminaron durante dos horas y volvieron al anochecer.
    11. Ya ríe, ya se pone muy triste.
    12. Tienes que salir inmediatamente o no llegarás al concierto.
    13. Hay todavía entradas, o sea, podremos ir al concierto de Fito
    14. María se ata las zapatillas; Jesús ensaya los pasos; Mercedes limpia la sala.
    15. No sabe lo que dice u olvida con quién está hablando.
    16. No ha comprado un coche, sino una bicicleta.
    17. Ora baila con uno, ora baila con otro.
    18. Las cosas -dijo Jonás- son buenas o malas según el momento en que vienen.
    19. Tiene muchos amigos, pero recibe poca ayuda de los mismos
    20. Unas veces se muestra contenta, otras veces se desespera.

      COMENTARIO Nº 6

      4 febrero 2010

      Soneto a Laura

      Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
      y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
      y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
      y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

      Quien me tiene en prisión, ni abre ni cierra,
      ni me retiene ni me suelta el lazo;
      y no me mata Amor ni me deshierra,
      ni me quiere ni quita mi embarazo.

      Veo sin ojos y sin lengua grito;
      y pido ayuda y parecer anhelo;
      a otros amo y por mí me siento odiado.

      Llorando grito y el dolor transito;
      muerte y vida me dan igual desvelo;
      por vos estoy, Señora, en este estado.

      Laura de Noves (1308-1348) fue la musa de Petrarca, el aliento de su poesía, la inspiración de su vida. Conoció Petrarca a Laura en Aviñón, donde vivían ambos, un viernes santo. Fue verla y enamorarse. El nombre tuvo también su parte en el enamoramiento.Petrarca soñaba con la gloria, amaba los laureles. El Senado de Roma y la universidad de París le coronaron con el laurel de los poetas. Pero su auténtica corona de laurel, su inspiración, su pasión única e inextinguible era Laura. Fue el de Petrarca un amor romántico, apasionado, inspirado. Era Laura una mujer casada, y Petrarca un hombre de recta conciencia, por lo que siempre le atormentaron los escrúpulos sobre su relación con su amada, que no fue tan solo espiritual y poética. Pero sus versos nunca fueron profanados por nada que no fuerse la llama misteriosa de su pasión, la gentileza, el éxtasis intelectual, el deseo sofocado apenas nacido. Fue el carácter de amor imposible lo que hizo que se transformase su amor por Laura en amor poético, amor cortés. Gustaba hablar de la esclavitud a que le tenía sometido Laura. Era recibido Petrarca en casa de ésta, pues al marido le halagaba sobremanera ser el anfitrión de tan ilustre visitante, que en una inspiración inagotable dedicaba a Laura sus bellos homenajes literarios. Pero cuando la pasión de Petrarca arreció tanto que temió Laura caer en la infidelidad, lo rechazó y lo alejó de su casa, sin que por ello se apagase el amor mutuo que se profesaban. Murió Laura víctima de la peste que asoló Aviñón, y fue enterrada en la iglesia de los frailes menores de esta ciudad. Cuando se enteró Patrarca de la muerte de su amada, su alma cambió desde lo más hondo. Su poesía mudó la alegría por la gravedad, la profundidad, la religiosidad. Petrarca siguió cosechando los laureles de la gloria, pero sin Laura no tenían el mismo perfume ni el mismo valor.

      COMENTARIO Nº 5

      3 febrero 2010

      En Las ranas, Aristófanes hace decir a Eurípides : “He hecho el drama democrático; he escenificado la vida de cada día, la manera en que vivimos”. Hace más de 2.300 años que los escritores griegos descubrieron que casi todos los acontecimientos tienen una dimensión humana. El periodismo, un oficio mucho más joven y de territorio impreciso, ha intentado con distinta fortuna aproximar aquel hecho a audiencias indiscriminadas. Pero en el camino se ha topado, se topa cada vez más, con la máxima perversión de la idea clásica: el sensacionalismo.

      El creciente tirón del amarillismo informativo no es una degradación confinada a sociedades poco instruidas o países desvertebrados. Por el contrario, coincide con una época de grandes medios materiales y de libertad sin precedentes. La atracción por el escándalo en sí mismo, su mercantilización, florece en las democracias occidentales avanzadas y alcanza a periódicos que gozaron fama de respetables, y que aún tratan de mantener esa apariencia, infestados como están por el mal del amarillismo. Nos recuerda a los periodistas, si fuera necesario, que la libertad no inmuniza frente a la manipulación, la mentira o el empleo de la palabra como invasor abusivo de la privacidad ajena.

      El sensacionalismo no se alimenta sólo de sexo o violencia, por más que la audiovisualización imparable haya privilegiado estos dos ingredientes. La lucha por el poder político o económico atiza por igual la caldera de la intromisión inmisericorde en las vidas personales. Todo vale para transformar en inquisidores a periódicos y periodistas: Mario Vargas Llosa sostenía en un artículo por el que recibió el Premio Ortega y Gasset en 1999: “Nuevas inquisiciones”, que la causa última de esta alarmante apuesta informativa es la banalización de la cultura imperante, un hecho contra el que el escritor no encuentra cura.

      En las escuelas de periodismo se enseña que la prensa libre justifica su existencia en términos de imperativos morales. Desde aquí queremos creer que en nuestra sociedad de comunicación global, instantánea, sometida a un embate incesante de estímulos imposibles de clasificar y digerir, todavía es posible un compromiso cotidiano con la libertad y la verdad, que haga de los periódicos, a pesar de los errores, instrumentos de convivencia creíbles y relegue el amarillismo a moda pasajera o marca de fábrica para uso de adeptos. (EL PAÍS, 11 de mayo de 1999)

      COMENTARIO Nº 4

      16 enero 2010

      DESPENALIZAR EL TRÁFICO DE DROGAS, ¿UNA SOLUCIÓN EFICAZ?

      Actualmente uno de los problemas que más afecta a nuestra sociedad es el que se genera a causa del tráfico y consumo de estupefacientes. Este problema no sólo afecta a los adictos a las drogas, quienes son esclavos y víctimas de las substancias que consumen, sino que también se traduce en otros malestares que afectan a todo el conjunto de la sociedad: delincuencia, prostitución, mafias.

      Ante este problema han surgido diversas posturas acerca de las drogas en el marco de la legalidad: por un lado, los que defienden la legalización de las drogas blandas (es decir, aquellas que son consideradas como menos peligrosas al crear menor dependencia); por otro, los que extienden esta legalización a todo tipo de drogas; y por último, los que están en contra de cualquier tipo de despenalización en la venta y consumo de estas substancias.

      A través de estas posturas se intentan buscar caminos para luchar contra la problemática que genera el uso y abuso de las drogas. Sin embargo, la actitud de la despenalización (tanto total como parcial) de las drogas, lejos de solucionar el principal problema: que la gente deje de consumir de forma abusiva estas sustancias, y la reinserción de los toxicómanos; no haría sino desbordar por completo el consumo de estupefacientes, extendiendo su acceso, su consumo y las consecuencias de este a todos los ámbitos de la sociedad. Liberalizando la venta de drogas sólo se conseguiría una mayor expansión y consumo de éstas, ya que cuanto más fácil es conseguir una sustancia más se consume y más se tiende a abusar de ella; por tanto, la legalización contribuiría a un aumento de toxicómanos, o lo que es lo mismo: un aumento de enfermos. Por otra parte, la legalización únicamente de las drogas blandas sólo provocaría una contribución al fomento de las drogas en general, lo cual acabaría promoviendo también el consumo de las drogas consideradas como duras (ya que no hemos de olvidar que la inmensa mayoría de los adictos a las drogas duras empezaron su adicción consumiendo drogas blandas). La legalización, al contrario de lo que manifiestan sus partidarios, lejos de causar la desaparición de las mafias que trafican con estas substancias, acabaría fortaleciendo su lugar en el mercado de la oferta y la demanda; ya que éstas continuarían operando, pero desde el marco de la legalidad, y los beneficios conseguidos por parte de éstas serían destinados a la inversión en otras formas de mercado negro: tráfico de armas, redes de prostitución… Tampoco a través de la despenalización se iba a contribuir a una mejora en la salud  -como sostienen sus defensores, afirmando que una mejora de la calidad de las drogas evitaría las muertes provocadas por la droga adulterada-  sino a la inversa, ya que estas substancias por sí mismas son altamente nocivas para el organismo, y con esta medida no se iba a evitar el principal problema de las drogas: su consumo.

      Por tanto, los  que están a favor de la legalización de la venta de drogas, lo que  pretenden a través de esta descabellada medida es desentenderse de un problema que nos afecta en gran medida. Pero no son conscientes de que esta pauta provocaría  -del mismo modo que hoy en día ocurre con el tabaco y con el alcohol-  que muchas personas “olviden” o no quieran reconocer los daños que estas substancias provocan, tanto para su organismo, como para la sociedad que los rodea.

      En definitiva: la droga es fundamentalmente un problema de salud; y en una sociedad, ante todo, se ha de velar por la salud de los individuos que la integran. Por ello la despenalización, total o parcial, de la venta de estupefacientes no es un medio eficaz para poner fin a este problema. Para luchar contra él hemos de buscar soluciones que se alejen de la desmesurada idea que supone la legalización; soluciones como: dar más información acerca de los perjuicios de la droga entre el grupo de población que más las consumen (los jóvenes), organizar más programas preventivos, crear nuevos centros de desintoxicación y rehabilitación de toxicómanos, y reforzar las instituciones que luchan contra el narcotráfico.

      COMENTARIO Nº 3

      16 enero 2010

      HIKIKOMORIS

      Incapaces de seguir el frenético ritmo de vida del país, en Japón hay alrededor de un millón de hikikomoris: adolescentes o jóvenes adultos, en su mayoría varones, que viven voluntariamente recluidos en sus casas o incluso en sus cuartos por años.

      Los hikikomoris son jóvenes japoneses, generalmente chicos, entre 20 y 30 años que voluntariamente deciden no salir de una de las habitaciones de la casa donde viven, que es la de sus padres. En este espacio, rehacen su propio universo que va a ser diferente al que tenían fuera y que se había hecho insoportable.

      Rodeados de su playstation, sus videojuegos e Internet invierten su modo de vida durmiendo por el día y viviendo en su refugio por la noche lejos de todos. Pueden quedarse así durante meses o incluso años y adoptar comportamientos depresivos o agresivos.

      Estos jóvenes deciden autoexcluirse radicalmente de la realidad tras fracasar en algún aspecto, generalmente en el ámbito escolar o dentro de su núcleo de amigos o amigas.

      Aunque a simple vista puede resultar difícil comprender por qué adoptan una reacción tan extrema y son incapaces de buscar una solución junto a su familia o sus profesores, conocer la sociedad en la que viven nos puede dar algunas pistas.

      La sociedad japonesa da tal valor a la educación y al estudio que el joven que consigue el éxito escolar tiene garantizado también el éxito social.

      Tanto “éxito” y tantos “codos” para aprender los textos de carrerilla, sin dejar espacio libre al desarrollo creativo y a la comprensión tienen sus consecuencias. Se genera una presión y una competitividad que se sigue endureciendo por la sombra de un paro creciente, hasta hace poco prácticamente inexistente.

      Por otro lado, el vertiginoso ritmo de trabajo en Japón ha alejado e incomunicado a las familias. Padres e hijos se han convertido en extraños, y al mismo tiempo, los hijos son sobreprotegidos y reciben una gran presión para que alcancen el tan deseado éxito.

      La sociedad japonesa no parece haber dado en el clavo a la hora de abordar este problema social que crece de forma alarmante. Hoy en día, el gobierno japonés estima que más de 6.000 afectados viven en Japón frente a la opinión de algunos psiquiatras, que se aventuran a identificar a más de 1.000.000.

      Para las familias y para la sociedad al completo, se trata de un fracaso que prefieren esconder, aunque, en ocasiones, dure más de 12 años. Los colegios, los asistentes y los mismos padres se limitan a respetar su aislamiento y a esperar que el afectado tome por sí solo la decisión de volver a integrarse en la sociedad sin ofrecerles otra alternativa o intervenir de cualquier forma.

      Las personas somos seres sociales, de tal modo que nuestra relación con otras personas es tan importante como otros aspectos de la vida. A veces percibimos nuestro entorno como una amenaza y reccionamos de varias maneras: huyendo, enfrentándonos o conformándonos. Los hikikomoris huyen… pero sin moverse del sitio.

      Aunque hay trastornos psicológicos que llevan a que la persona se recluya o evite el contacto social, el caso de los hikikomoris parece ser exclusivo de Japón. En otros países, la presión sobre los jóvenes es también muy fuerte, pero no parece que lleve a un fenómeno como el de los hikikomoris… Al menos por el momento.

      “Las escuelas nos están llevando a una competición sin fin; nos enseñan a pisar a nuestros compañeros para tener éxito”, fueron las palabras de una chica de 16 años cuando le preguntaron al respecto. Y añadió: “No somos máquinas de estudiar. Sólo somos adolescentes”.

      COMENTARIO Nº 2

      3 noviembre 2009

      ROSA MONTERO

      Aquí estamos, una vez más, en el día de la náusea y la barbarie. Como todos los segundos martes de septiembre, hoy vuelven a torturar lentamente a un toro hasta la muerte, atravesándole salvajemente con lanzas de tres metros de longitud, pinchándole y tajándole por todas partes en esa orgía de sadismo demencial que algunos energúmenos insisten en llamar fiesta tradicional. Estoy hablando del Toro Alanceado de Tordesillas, una brutalidad que vuelve a colocar a esa hermosa e histórica villa en el punto de mira del desprecio internacional y de la vergüenza. ¿Por qué permitir que un puñado de zopencos sin escrúpulos (porque estoy segura de que la mayoría de los habitantes de la zona no disfrutan de esta salvajada) vuelvan a ensuciar el prestigio y el nombre de la ciudad, haciéndola sinónimo de la violencia más perversa, de la delectación en el dolor de los verdugos? El toro de 2000, por ejemplo, fue traspasado de un costado a otro por una lanza, y así, ensartado como una aceituna, aguantó aún de pie 35 minutos mientras le seguían hurgando, taladrando y mutilando con cien hierros más. ¿De verdad es este el espectáculo que quieren ofrecer como muestra de la cultura y el carácter de Tordesillas? ¿De verdad son estos los valores que quieren inculcar a sus hijos? ¿La ausencia total de compasión, el desprecio al sufrimiento, el regocijo ante la tortura de un ser vivo?La única justificación que ofrecen de esta atrocidad injustificable es que es “tradicional”, es decir, antigua. Y tanto. Es enormemente antigua y primitiva, perteneciente a un mundo feroz que, por fortuna, nuestra sociedad ha ido superando poco a poco. Esos verdugos que se solazan agujereando las tripas del toro no aceptarían sin embargo otras tradiciones, como, por ejemplo, que el noble feudal desvirgara a sus hijas por el antiguo derecho de pernada, o que ellos mismos pudieran ser colocados en el potro y descoyuntados, sin juicio previo, por cualquier menudo enfrentamiento con el poder (hasta el siglo XVIII, la tortura era algo totalmente aceptado). En fin, todas esas tradiciones tan estupendas y tan medievales de las que la salvajada del Toro de Tordesillas no es más que un repugnante y obsoleto residuo.

      COMENTARIO Nº1

      20 octubre 2009

      Texto de Manuel Vicent. “Arquímedes”
      (El País, 11-XI-1990)

      Hay algunos personajes que rompen el principio de Arquímedes: desalojan más de lo que pesan; experimentan un impulso hacia arriba muy superior al valor de su vida o a la densidad de su obra. Los conoces bien. Abres el periódico y sus nombres están allí, enchufas la televisión y sus rostros aparecen gesticulando siempre, conectas la radio y los oyes a cualquier hora del día o de la noche dictaminando acerca de las cosas más dispares sin una idea original que te sorprenda. Sus juicios son requeridos en toda clase de temas y acontecimientos, ya se trate del amor o de la peste equina, de la guerra nuclear o de un simple descarrilamiento del tren de cercanías, y ellos nunca se detienen ante nada: lo mismo opinan con desparpajo de mecánica cuántica que salen friendo un par de huevos con delantal en un programa para amas de casa. Son vacíos y omnipresentes. Alguno de estos escritores, cineastas, intelectuales, artistas y políticos que acaparan la actualidad, despierta mucha envidia, pero ninguna pasión; su figura, multiplicada en imágenes hasta la angustia, provoca chismes y comentarios aunque difícilmente levanta una polémica. Como cetáceos llenos de flato, se les ve chapotear en la superficie de la sociedad desplazando toneladas de fluido que no se corresponden con la entidad de su trabajo, y entonces uno, con cierta ira, piensa en otros seres de vida preservada que también rompen el principio de Arquímedes en sentido inverso: desalojan mucho menos de lo que pesan; se hallan instalados a una altura inferior a su talento o sumergidos en el anonimato, si bien podrían deslumbrarnos con su pensamiento. Para encontrarlos hay que ir a los centros de investigación, a las universidades de provincias, a los institutos de las pequeñas ciudades. Son profesores, poetas, científicos, artistas, escritores, que no salen en pantalla. No nos agreden con su estomagante presencia. Se limitan a trabajar con la elegancia que posee el silencio cuando éste es creativo. Por fortuna para ellos, usted no los conocerá nunca.

      ¡Hola, mundo!

      20 octubre 2009

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